08 de octubre de 2026
Desafío: decir «me está costando» sin justificarte
No tienes que fingir que todo va bien. Un desafío para expresar una dificultad concreta sin convertirarla en un juicio sobre ti.

Una amiga te pregunta cómo llevas los cambios que querías hacer. Remueves el café. Dices «bien, ahí voy» y cambias de tema. En realidad, hay algo que te está costando, pero no quieres tener que explicarte durante veinte minutos.
Quizá temes escuchar otro consejo. Quizá te da vergüenza reconocer una dificultad después de haber empezado con tanta ilusión. O quizá todavía no encuentras las palabras.
Hoy el desafío no consiste en cambiar lo que comes. Consiste en practicar una frase que también puede formar parte de tu método: «Esto me está costando y puedo decirlo sin descalificarme».
Cuando contar una dificultad parece un examen
A veces, una pregunta sencilla se siente como una evaluación. Como si tuvieras que demostrar que estás comprometida, que has aprendido y que esta vez puedes con todo.
Entonces aparecen dos respuestas rápidas: esconder lo que ocurre o acompañarlo de una explicación interminable.
«Es que he tenido mucho trabajo, luego surgió aquello, además estaba cansada…».
Tu contexto importa. No tienes que borrarlo. Pero tampoco necesitas presentar pruebas para tener derecho a decir que algo te cuesta.
Reconocer una dificultad no significa renunciar a tu responsabilidad. Significa describir lo que ocurre con suficiente claridad para poder trabajarlo.
No eres un problema que necesita defensa. Hay una situación que necesita atención.
Y no, este desafío no te obliga a compartir tu intimidad. Elegir qué cuentas, a quién y hasta dónde también es autonomía.
El desafío: una conversación, una dificultad concreta
Durante esta semana, elige una ocasión para expresar algo que te está costando ante una persona que suela escucharte con respeto. No hace falta reunir valor para una gran conversación. Puede bastar un minuto.
El ejercicio tiene cuatro pasos:
-
Elige un hecho, no una etiqueta. En lugar de «soy un desastre», prueba con «me cuesta sentarme a comer cuando tengo cosas pendientes». El hecho permite entender la situación. La etiqueta solo habla mal de ti.
-
Nombra la emoción si te ayuda. «Me da vergüenza contarlo porque parece que debería tenerlo resuelto». No necesitas analizar toda tu historia. Una frase sencilla es suficiente.
-
Aclara qué necesitas de esa conversación. Por ejemplo: «Ahora me vendría bien que me escucharas, sin buscar una solución». Así reduces la posibilidad de recibir una lista de consejos que no has pedido.
-
Termina sin prometer una versión perfecta de ti. No hace falta añadir «pero mañana lo haré todo bien». Puedes cerrar con «estoy observando qué parte necesito ajustar».
Una frase completa podría ser:
«Hay momentos de descontrol en el plato que me cuesta reconocer. Me da vergüenza hablar de ello. Hoy solo quería contártelo; no necesito que revisemos lo que como».
Es un ejemplo, no un guion obligatorio. Utiliza tus palabras y comparte únicamente lo que te resulte seguro.
Hablar no es pedir permiso ni entregar el control
La función de esta conversación no es conseguir que alguien apruebe tus decisiones. Tampoco es convertir a otra persona en vigilante de tus hábitos.
Es practicar una forma de comunicarte en la que puedas reconocer una dificultad sin atacarte.
El piloto automático también puede aparecer al hablar: dices «todo bien» antes de comprobar si eso representa lo que estás viviendo. Introducir una respuesta más consciente abre otra posibilidad. Puedes reconocer un hecho, observar qué necesitas y decidir después cómo abordarlo.
Si la otra persona empieza a darte instrucciones, puedes aclarar: «Gracias. Hoy no buscaba consejos; quería poder decirlo».
Y si responde con juicio o burla, no tienes que seguir explicándote. Esa conversación puede terminar ahí. El desafío no consiste en aguantar una respuesta que te hace daño ni en convencer a nadie.
También puedes ensayar primero la frase por escrito. No sustituye el apoyo cuando lo necesitas, pero puede ayudarte a ordenar lo que quieres comunicar.
Qué cuenta como progreso en este ejercicio
El resultado no se mide por lo aliviada que te sientas después. Puede que sigas incómoda. Tampoco depende de que la otra persona responda exactamente como esperabas.
Cuenta haber descrito una dificultad sin convertirla en tu identidad. Haber pedido escucha con claridad. Haber elegido cuánto compartir.
Hablar no resuelve por sí solo un hábito. Pero expresar un hecho concreto puede ayudarte a identificar qué apoyo o ajuste necesitas, en lugar de quedarte en «lo hago todo mal».
En Lara Shock 35, reconocer y observar forman parte del método. La estructura no exige aparentar que puedes con todo. Necesita información honesta sobre lo que hoy puedes sostener y lo que aún requiere trabajo.
Si te apetece conocer un espacio donde practicar esta mirada, puedes unirte a la comunidad gratuita de Lara Shock 35.
Temas: #LaraShock35 #Emociones
No más intentos. Ahora método.
Ver más artículos