02 de octubre de 2026

Tus gustos al comer no tienen que quedarse en la infancia

Un «no me gusta» de hace veinte años puede seguir decidiendo tu menú. Revisar tus preferencias no te obliga a cambiarlas: te permite elegir hoy.

Cuenco de ensalada de lentejas junto a un recetario negro cerrado y un tenedor dorado sobre una encimera marfil con luz natural.

Estás preparando la cena. Abres un bote de garbanzos para otra persona y buscas algo distinto para ti. «Yo no soy de legumbres», dices. Pero, si intentas recordar la última vez que las probaste, tienes que volver a la cocina de tu infancia.

Quizá siguen sin gustarte. Es una posibilidad perfectamente válida.

También puede que aquella frase lleve tantos años contigo que ya no describa un gusto actual. Solo una conclusión antigua que nunca has vuelto a mirar.

No necesitas obligarte a comer garbanzos. La cuestión es otra: poder descubrir qué te gusta ahora, sin tener que defender lo que dijiste hace veinte años.

Una preferencia no es una definición de ti

«Soy muy especial para comer». «A mí lo verde no me entra». «Siempre he sido de desayunos dulces».

Son frases cotidianas. A veces resumen preferencias reales. Otras veces convierten una experiencia concreta en una norma permanente.

No es lo mismo decir «no me gustó aquella coliflor hervida» que «las verduras no son para mí». La primera frase describe algo que ocurrió. La segunda cierra muchas opciones antes de conocerlas.

Con el tiempo pueden cambiar tus gustos, las preparaciones que conoces y lo que te apetece. También pueden mantenerse. Ninguna de las dos cosas te hace mejor o peor.

Tu identidad no tiene que depender de mantener intacto tu menú. Puedes seguir siendo tú aunque hoy disfrutes de algo que antes rechazabas. Y puedes seguir rechazándolo después de probarlo de otra manera.

La autonomía está en poder comprobarlo, no en llegar a una respuesta determinada.

Revisar no significa aprender a comer lo que «debes»

Aquí conviene separar dos cosas: explorar tus preferencias y presionarte para cambiarlas.

Si pruebas un alimento pensando que tienes que conseguir que te guste, conviertes la comida en un examen. Si lo pruebas para obtener información, puedes encontrar una respuesta útil incluso cuando esa respuesta sea «no».

Recuperar el control con la comida también puede incluir esta libertad: distinguir lo que eliges hoy de lo que das por decidido desde hace años.

El piloto automático puede aparecer en ese rechazo inmediato. Pero la solución no es aceptar cualquier plato ni ignorar tus límites. Es introducir una pregunta concreta: «¿Esto no me gusta ahora o estoy recordando que antes no me gustaba?».

No hace falta cuestionar cada bocado. Tampoco tocar alimentos que evitas por alergias, intolerancias u otras indicaciones sanitarias. Hablamos de gustos, no de necesidades médicas.

Y no se trata de sustituir todo lo que disfrutas por opciones supuestamente más ligeras. El objetivo es conocer mejor tus preferencias, no reducirlas a una lista de alimentos permitidos.

Cuatro pasos para actualizar una preferencia

Puedes hacerlo dentro de una comida habitual, sin preparar un reto ni cambiar toda la compra.

  1. Elige una frase antigua. Por ejemplo: «No me gustan las lentejas». Busca una preferencia que te genere curiosidad, no un rechazo intenso. No necesitas empezar por lo que más te cuesta.

  2. Concreta qué recuerdas. ¿Era el sabor, la textura, el olor o aquella preparación? «No me gustaban las lentejas muy deshechas» ofrece más información que «soy incapaz de comer legumbres».

  3. Explora una diferencia, si te apetece. Puedes probarlas en una ensalada en lugar de un guiso. Mantén el resto de la comida familiar. Así no conviertes la experiencia en una obligación ni en un cambio completo de menú.

  4. Describe lo que has encontrado. «Así me gustan». «La textura sigue sin convencerme». «Prefiero otra preparación». Una observación concreta sirve más que ponerte una etiqueta nueva.

No hay una respuesta correcta. Tampoco necesitas terminar algo para demostrar compromiso. La práctica consiste en observar y decidir, no en vencer una resistencia a cualquier precio.

Una identidad con espacio para descubrir

En Lara Shock 35, reconocer y observar ayudan a construir una estructura propia. En este caso, eso significa no organizar tu alimentación únicamente alrededor de conclusiones que quizá ya no te representan.

Ampliar tus preferencias, si ocurre, puede darte más opciones al cocinar o comer fuera. No garantiza bajar de peso. Y conservar una preferencia después de revisarla tampoco supone un fracaso.

El progreso está en conocerte con más precisión. Puedes decir «esto me gusta» sin añadir «y tendrá que gustarme siempre».

Si te apetece trabajar una alimentación más consciente y propia, puedes unirte a la comunidad gratuita de Lara Shock 35.

Temas: #LaraShock35 #Identidad #Alimentación

No más intentos. Ahora método.

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